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El desastre de la guerra

El 29 de septiembre de 1936, guardias civiles y falangistas encabezados por el Teniente de Zona de la Guardia Civil con base en Movera, llegan a Cogullada en un pequeño camión, requisado a Fulgencio Montañés, dueño de un almacén de vinos del barrio de Santa Isabel.

Detienen a un grupo de once hombres vecinos del pueblo y a la maestra, y los llevan a la tapia del cementerio de Movera, donde son fusilados.
Felisa no muere, queda herida y logra escapar en dirección al pueblo antes de que lleguen para echar los cuerpos en alguna de las zanja excavadas junto al cementerio, en el llamado “Campo de los Muertos”.
En su huida, Felisa es socorrida por los vecinos de una torre, al lado de donde hoy está el edificio de lo que fue la residencia de ancianos.
Los vecinos cuentan que fue llevada a un hospital, a donde fueron a buscarla y donde la mataron.


Puedes ver el testimonio de un vecino aquí, en el minuto 12 del vídeo



No sabemos cómo, el asesinato de Felisa llega a oídos de su hijo, Félix. Con ayuda de compañeros del Cementerio Municipal de Torrero, Félix consigue recuperar el cuerpo de su madre y enterrarlo. Aunque en el certificado de defunción de Felisa figura como domiciliada en el barrio de Cogullada y enterrada en el cementerio de Movera, estos datos son falsos: Félix consiguió "esconderla" en un nicho del cementerio.

Felisa no aparece como ingresada en el Hospital de Nuestra Señora de Gracia, en la Casa de Socorro ni en el Hospital Clínico (Facultad de Medicina), pero sí se certifica su muerte el 29 de septiembre, inscrita en el Registro Civil de Zaragoza el 21 de diciembre de 1936.
Para ello, el 1 de diciembre de 1936, el Juzgado de Zaragoza pide, al Ayuntamiento información sobre la sustitución de la maestra de la Escuela de Cogullada y sobre la fecha del "fallecimiento" de Felisa.
 

Ese registro de la "defunción" se realiza, como bien refleja el acta, cumpliendo normas establecidas por Francisco Franco, quien dispone, a través del Decreto 67 de 10 de noviembre del 36, que: "La inscripción del fallecimiento o la de desaparición de personas, ocurridas con motivo de la actual lucha nacional contra el marxismo, fueran o no aquellas combatientes, se verificará en el Registro civil del último domicilio, y si éste no constase en el de la naturaleza del individuo de que se trate, lográndose una u otra mediante un expediente que habrá de tramitarse ante el Juez de primera instancia competente". Por si hay dudas de cómo hacerlo, el Presidente de la Comisión de Justicia de la Junta Técnica del Estado, Fidel Dávila, aclara en una Orden 3 días después que la inscripción la puede realizar la familia o los jefes de las fuerza militares o militarizadas, a través de informes de los jueces municipales o los alcaldes.

Tres años más tarde, Félix compra un nicho en el Cementerio Municipal de Torrero y entierra en él a sus padres Camilo Barrao y Felisa Alcusa.


En 1.987 entierra a su esposa Pilar Comps y finalmente, en 1995, él descansa con ellos.